En este reino maravilloso, el alcalde Orgino Ogandía cuidaba de satisfacer las necesidades elementales del pueblo, que se resumían en retretas, aguardiente, rifas de artilugios, circos, parques feriales, museos, zoológicos, y utopías de mundos posibles. Por órdenes suyas, cada sábado, se efectuaba en la plaza Bolívar la Feria de Portobelo que consistía en una exposición de productos, rubros, ganado vacuno y porcino; aves y pájaros exóticos atrapados en las selvas nunca exploradas; sorteo de semovientes de su peculio que sus beneficiarios no podían criar fuera de sus límites ni cruzar para reproducir ni vender ni alquilar; y para preservarlos, se le imponía una contribución a sus dueños del 10% de su jornal.